La Orden de Santiago en Azuaga

La Orden de Santiago

La Orden de Santiago gobernaba a finales del siglo XV un territorio de unos 23.000 kilómetros cuadrados, integrado por más de 200 localidades, poblado por cerca de 200.000 personas y cuyas rentas totales podían ascender a más de 30 millones de maravedíes.

Sus dominios y riquezas tiene su origen en donaciones de reyes y príncipes, donaciones privadas, diezmos cedidos por los Papas, botín de guerra, cobro de derechos de tránsito, peajes y portazgos, en sus tierras, la explotación ganadera y el derecho de montazgo.

Como fundador de la Orden de Santiago aparece el noble don Pedro Fernández, que en el reino leonés, en el año 1170 con el apoyo y aprobación del obispo de Salamanca y el patrocinio del rey Fernando II, fundó el 1 de agosto de ese año una nueva orden militar para defender la frontera de la Extremadura leonesa frente al Islam.

Con la misma fecha el rey leonés Fernando II confiaba a la nueva orden la ciudad de Cáceres, recién arrebatada al poder musulmán; en ella se establecía la casa principal de la Orden, por lo que esta en un principio sería designada como la Orden de Cáceres, y sus miembros como freires o milites de Cáceres.

El 31 de enero de 1171 el maestre y fundador de los freires de Cáceres concertó una hermandad con el arzobispo de Santiago: el fundador y maestre de la Orden era recibido, con el consentimiento de los canónigos, como compañero y canónigo en su cabildo, y los freires como “vasallos  y caballeros del apóstol Santiago, para luchar bajo su bandera para honra de la Iglesia y propagación de su fe”. El arzobispo por su parte tomaba a los freires bajo su protección, les entregaba el estandarte de Santiago, prometía ayudarles con armas, hombre y dinero y era acogido en la orden como freire honorario. Así, desde sus mismo orígenes, la Orden de Cáceres se colocaba bajo el nombre y el patrocinio del apóstol Santiago.

Aunque la Orden de Santiago había nacido en el reino de León, se extendió por el reino de Castilla, Portugal, Aragón, Francia, Inglaterra, Lombardía y Antioquia; aunque su expansión fundamental se limitará a los reinos de León y Castilla.

La aprobación definitiva de la Orden llegaría el 5 de julio de 1175, en que una bula de Alejandro III otorgaba esta aprobación y confirmaba el modo de vida y la regla, tomando a sus freires y a sus bienes bajo la protección de San Pedro. En esa regla se delineaban sus instituciones fundamentales: la existencia de freires caballeros y freires clérigos, estos segundos siguiendo una regla agustiniana; la organización interna con su Maestre a la cabeza, el Consejo de los Trece, en el que recaía la elección del Maestre, las encomiendas, y el prior de los freires clérigos. Sus freires profesaban los tres votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, pero el voto de castidad para los freires no clérigos no incluía abstenerse de contraer matrimonio, sino que sólo prometían la castidad total antes del matrimonio o acabado éste, y las castidad y fidelidad conyugal mientras durare. Esta será una nota exclusiva de la Orden de Santiago, sin precedentes ni imitaciones en otras órdenes: los caballeros santiaguistas, con licencia del maestre, podían contraer matrimonio y vivir con sus esposas e hijos en los conventos de la orden. La Orden de Santiago fundó conventos femeninos de comendadoras, apelativo utilizado para designar a las monjas.

La Orden de Santiago estaba dirigida por un Maestre, elegido y asesorado por el Consejo de los Trece, y por un Capítulo General. El Maestre era elegido por el Consejo de los Trece, pero desde el siglo XIV la elección recayó en un personaje de la familia real o próximo a la corte. Desde el siglo XV la elección se consideraba un derecho de la Corona. Durante este siglo el maestrazgo estará en manos de los magnates y privados de los reyes: Enrique de Aragón, hijo del regente de Castilla, Fernando de Antequera; don Álvaro de Luna, privado de Juan II; el infante don Alfonso;  Beltrán de la Cueva y Juan Pacheco, marqués de Villena, privados de Enrique IV; y Diego López Pacheco, marqués de Villena.

La Orden estaba dividida en varias provincias, pero las más importantes por sus propiedades y vasallos eran las de Castilla y León. Al frente de cada provincia había un Comendador Mayor, con sede respectivamente en Segura de León (León) y Segura de la Sierra (Castilla). La Provincia de León estaba dividida en dos partidos, Mérida y Llerena. Cada una de ellas con varias encomiendas. En el partido de Llerena se encontraba la encomienda de Azuaga.

La subdivisión interna más importante de las órdenes militares eran las llamadas encomiendas, que eran unidades de carácter local a cuyo frente se encontraba un comendador. La encomienda podía asentar la sede o residencia del comendador en un castillo o fortaleza o en una villa; era un centro administrativo o económico en el que se cobraban y percibían las rentas de los predios y heredades atribuidas a esa encomienda; era el lugar habitual de residencia del comendador y de algún freire más.

Cada encomienda con sus rentas debía sostener no sólo al comendador y a los otros freires que en ella residían, sino también pagar y armar a un determinado número de lanzas, que debían acudir a los llamamientos de su maestre perfectamente equipados para tomar parte en aquellas acciones militares que quisiera emprender. Todos ellos formaban las mesnada o el ejército de la orden, que respondía a las órdenes de su maestre. Las rentas de las tierras, pastos, industrias, portazgos y derechos de paso, junto con los impuestos y el diezmo constituía los ingresos de que se mantenía la Orden. Se repartían entre rentas de la encomienda respectiva y rentas de la Mesa maestral que financiaban al Maestre de la Orden.

Eclesiásticamente, la Orden estaba dirigida desde sendos prioratos de San Marcos de León para León y de Uclés para Castilla. En la provincia de León, al estar muy alejado el convento de San Marcos del grueso de las posesiones santiaguistas en Extremadura, el convento de trasladó primero a Calera de León y luego a Mérida. Finalmente regresó de nuevo a San Marcos de León.

El priorato de León estaba dividido en tres vicarías con sede en Mérida, Llerena-Tudía y Jerez de los Caballeros. Los pueblos y encomiendas de la Orden estaban atendidos por curas presentados por el maestre y colacionados por el prior. Las tierras de Guadalcanal, Azuaga y Reina dependían del Arzobispo de Sevilla, que nombraba el Arcediano de Reina que dirigía estos territorios.

Cada cuatro años, dos visitadores de la Orden acompañados de un vicario, debían realizar una visita de inspección por todas las encomiendas y territorios para comprobar el estado de las propiedades, rentas y gobierno de las posesiones. De estas visitas se levantaba el acta en los llamados Libros de Visitas.


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